Enfoque bajo el cual trabajo

 

  Breve y significativa explicación o introducción al concepto del enfoque                             Psicoterapéutico   Humanista – Existencial. 

Lo Humanista queda integrado por la concepción de lo que es la persona en su totalidad. Un ser en el mundo con capacidades y potencialidades propias que le hacen poder funcionar de manera independiente desde su libertad ontológica. Desde lo más esencial de sí misma y que le pertenece de manera individual. Esta concepción tiene por todos sus ángulos un soporte filosófico y psicológico en el abordaje psicoterapéutico.

Lo Existencial ubica a este Ser con sus capacidades y potencialidades en un “aquí y ahora”. En un presente único en el que se define por su acción y desde donde influye en su circunstancia concreta de vida. Es desde este presente objetivo de donde arrancará el proceso terapéutico, tomando a la persona – al paciente o cliente – tal y como se presenta. Desde su circunstancia.

En el avance terapéutico, tras contactar e identificar el paciente las propias vivencias con sus sensaciones, emociones, pensamientos, razonamientos, acciones, sentimientos, descubrirá la actitud que tiene frente a sí mismo, y hacia las personas y circunstancias que rodean su vida. Desde este presente de realidad suya, el paciente se irá confrontando así mismo al reconocer la congruencia existente o no entre lo que siente, piensa, y la manera en que actúa.

Al estar el paciente o cliente «con los pies puestos en su presente», podrá comenzar a mirar, haciendo una retrospectiva, su propia historia a fin de reconocerla y aceptarla como algo que le pertenece, independientemente de serle ésta agradable o no. Y será también, desde este estar parado en el presente, desde donde podrá visualizar para sí, un futuro inmediato como proyecto personal de vida, a partir de una acción congruente apoyado en la libre elección. Compromiso autónomo sobre la propia dirección de vida de manera integral e integrada.

La Psicoterapia  Humanista – Existencial  se caracteriza por ser un «método» NO-directivo.

Por propia experiencia profesional, puedo describir el método como el florecimiento y desarrollo de una actitud humana que fluirá a través de la propia intuición e interacción desde la cual la persona partirá necesariamente hacia la búsqueda, encuentro, descubrimiento y respuesta de sí misma, bajo la pregunta existencial. ¿QUIEN SOY VERDADERAMENTE? La gran pregunta y pasaporte introductorio a la conquista de la individualidad.

Esta búsqueda, por propio sentido de vida y por vivencia profesional, mediante la escucha atenta de los demás, me ha ayudado a entender que existen en las personas fuerzas internas que, en un cierto momento se equilibran de forma tal, que producen una armonía que ayuda poder dar respuestas claras desde dentro. Y, que en otros momentos, estas mismas fuerzas internas se equilibran apartadas de un orden armónico, obstaculizando la respuesta acerca de lo que verdaderamente somos cada uno. Por ello, que la pregunta clave que surge en nosotros, desde nuestra propia intuición es: Quién soy yo más allá de las normas externas que parecen dictar lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo. Sobre todo nos preguntamos: ¿Qué quiero realmente para mi vida?

Estas mismas preguntas son las que están en la base del Trabajo Psicoterapéutico dentro del Enfoque No-Directivo en el que pretendo acompañar a la persona que va a consulta, mientras descubre por sí y para sí, sus propias capacidades y habilidades, mientras va aprendiendo a utilizarlas de la mejor manera a favor suyo.

El objetivo es: que la persona logre responderse a sí misma, desde su propia libertad interna, a la pregunta de quién es. Y que desde ahí, trabaje – consigo misma – de manera consciente en cada momento de su existencia para llegar a ser la persona que verdaderamente se es.

 

El acompañamiento Psicoterapéutico se apoya en esta filosofía básica:

Es una técnica NO-Directiva. Esto significa que no se le dice a la persona que ha o no de hacer respecto de su propia existencia. [Cada quien es dueño y responsable de sus actos.]

Respeto profundo a la Persona. Se parte del hecho que cada persona es libre de pensar, creer y sentir como lo hace. [Cada uno es responsable de su mundo afectivo y de sus estados de ánimo.]

No hay juicios de valor. Esto es, se da la aceptación del otro tal como es. No hay interpretación. [No se califica a nadie.]

La honestidad. No se pone en tela de juicio lo que el paciente comparte de sí. Se le acepta en su verdad, pues es él quien se escucha a sí mismo. [La aceptación incondicional es el principio de todo respeto en la interacción humana.]

* La comunicación. Llevada a cabo bajo estos principios, pretende que la interacción se dé en la confianza. De este modo, el espacio terapéutico – los momentos de encuentro – favorecen el que el paciente, al no tener que protegerse, descubra las propias habilidades, potencialidades y cualidades que se poseen. Ello le permitirá trabajar en su proceso de personalización.