Sentido de vida – Sentido de historicidad

                                             UN MODELO PARA EL RECONOCIMIENTO y                                                  LA CONSTRUCCIÓN DE UNA AUTOESTIMA SÓLIDA
“La vida es aquello que va sucediendo mientras nosotros nos ocupamos de otra cosa”.                                                                                                                                                                                                                                                                                                  (John Lennon)   
   La mítica frase de John Lennon es un buen punto de partida para introducir el modelo que he dado en llamar “Sentido de vida – sentido de historicidad”.  Un esquema que identifica las dos líneas básicas por las que transcurre la vida del ser humano y que permite visualizar la esencia de cada una de ellas.

El Ejercer ante ellas una posición de observador objetivo permitirá esclarecer cuál es el principio de construcción de una verdadera autoestima. A partir de allí se hace comprensible el cómo y el por qué se produce su destrucción, y el cómo y el por qué se hace posible su construcción de modo consistente.

El modelo “sentido de vida – sentido de historicidad” es un aporte de comprensión psicológica y filosófica al proceso de cambio vertiginoso que vive la humanidad y a cómo este proceso está impactando en la psique humana.

La aceleración del cambio (producto de la tecnología y la nacionalización) ha potenciado el fenómeno de construcción y destrucción de sistemas de valores. Este hecho impactante, al no ser comprendido y asimilado en su exacta dimensión histórica y en su relación con la individualidad de cada ser humano, es lo que está provocando, como fenómeno, una profunda distorsión en la autoestima, no sólo del sujeto como individuo, sino dentro de los mismos sistemas sociales en que se vive.

Así, el modelo “sentido de vida-sentido de historicidad” es un esquema que abre las puertas a desarrollos teóricos multidisciplinarios, que podrían ser tomados como punto de apoyo para la comprensión de los mismos fenómenos de cambio y la elaboración de hipótesis de trabajo, desde esta nueva perspectiva de entendimiento de la individualidad y de los sistemas sociales.

¿Qué es la autoestima?

Necesitamos entender qué es la autoestima para hablar de ella. Es indispensable, al hablar de autoestima, poder reconocernos a nosotros mismos como los actores de nuestra propia actuación. Esto es, reconocerse uno como objeto y sujeto de la propia acción; ya que la autoestima siempre reflejará, de cada uno, la manera en que se ve a sí mismo, el modo en que piensa y lo que cree de sí mismo.

La manera en que nos vemos desde dentro de nosotros, la forma en que nos percibimos integralmente determinará en gran medida, y de forma casi integral, nuestra manera de actuar. No podemos actuar en la vida de otra forma que no sea la que refleja la manera en que nos valoramos a nosotros mismos. Es, desde este modo de percibirnos y sentirnos a nosotros mismos, desde donde se construye en cada uno la autoestima.

El desconocimiento acumulado sobre nosotros mismos explica el por qué, las más de las ocasiones, lo que creemos respecto de la autoestima, se aleja de lo que realmente es y en lo que consiste ésta. También, de lo que queremos decir de ella cuando hablamos de “tener” o “no” autoestima.

Esta es la razón por la que se habla – comúnmente – de tener “baja” o “alta” autoestima. Cuando, en realidad, se tiene o no se tiene autoestima. No podemos tener autoestima a medias. O, a ratos sí, y al otro, no.

Lo que no podemos negar, porque salta a la vista, es que la ausencia de autoestima en cada uno reflejará la propia incapacidad para procurarse uno, a sí mismo, vivencias de bienestar real. En consecuencia, un estado de ánimo saludable.

Carencia de autoestima

La autoestima es la sensación propia de bienestar real y de confianza en uno mismo para vivir la vida, y resolver las situaciones propias de la vida, de manera exitosa.

Cuando se carece de esta sensación, la tendencia inconsciente se encamina – impulsivamente – a querer demostrarnos a nosotros mismos y a los demás, que “estamos bien”, que “todo está bajo control”. Por ello es, que bajo este estado de ánimo emocional, algunas de nuestras actuaciones se vean carecer de flexibilidad natural.

La carencia de flexibilidad es origen y causa del desconocimiento acumulado sobre uno mismo. Sobre sí mismo. A lo largo de los años, este desconocimiento, además de tornarse en algo progresivo, acumula también, por propio desconocimiento, dolorosas e inexplicables consecuencias psíquicas.

Cuando así ocurre, (esto es las más de las veces) las causas provienen –ordinariamente– como resultado del enfoque de una educación que ha estado dirigida más hacia el sentido de historicidad que al sentido de vida. Es decir, en una educación inspirada por y enfocada en y hacia la consecución de un éxito social, en función de los requerimientos de la sociedad misma y sus valores relativos (dominantes en determinado momento de la historia). Orientación ésta que desplaza (o minimiza) la posibilidad de una educación dirigida hacia el logro de la manifestación de los sentimientos y de una forma de pensar personal. La propia de cada ser humano.

Al llegar a este punto comenzamos a visualizar que existe un sentido de historicidad que en nada se asemeja al sentido de vida, aunque ambos marchen en forma paralela. Y comenzamos a visualizar también, que el ser humano construye su existencia entre ambas líneas paralelas. Podemos comenzar, de igual forma, a percibir que lo que hemos llamado autoestima, termina siendo ya por su presencia o por ausencia, de algún modo, producto de cuánto protagonismo haya tenido el sentido de historicidad o el sentido de vida en nuestra educación.

La real autoestima es la que preserva y alimenta en cada uno de nosotros nuestro sentido de vida, frente al impacto permanente e inevitable del sentido de historicidad siempre existente.

Esto se comprenderá con claridad total al introducirnos en el esquema y análisis conceptual del mismo modelo explicado que se presenta a continuación.

Esencia del modelo.

El modelo de análisis “sentido de historicidad – sentido de vida” representa el modo en que se integra en cada uno de nosotros esta realidad dual. Refleja la apreciación que solemos tener de nosotros mismos y de lo que ordinariamente entendemos por vida de acuerdo a lo que se nos ha dado como entendimiento de lo que somos y la forma en que actuamos. 

Vida como

Sentido mismo de Vida a partir del sentir personal

Presente continuo de vida

 COMO LO ABSOLUTO

 

Valor propio de ser persona    como tal

 Se dan al mismo tempo

Corren unísonamente

AUTOESTIMA

Vida como

Sentido mismo de vida a partir de la adaptación a la historicidad

       Presente de temporalidad

COMO LO RELATIVO

 

                      Valor propio de ser social en su                                                                                                                        época y circunstancia específica

   La vida, en cada persona, tiene expresiones diferentes y éstas son muy variadas. No obstante, existen comportamientos que se repiten con frecuencia. Es por esto que nos parece que algunas vidas se asemejan o tienen algo en común con la nuestra o con la de otros. Sencillamente, les encontramos parecidos.

   Sin embargo, la vida, como es algo íntimamente personal, solamente puede ser vivida por uno. Y es vivida por cada uno, en una época y con su circunstancia histórica determinada. Aquella que le ha tocado a cada uno ocupar en la cronología de la historia del mundo y el presente continuo de la humanidad.

   Aquí empezamos a comprender, por un lado, por qué la vida como tal, no se inventa. Se vive. “La vida tiene su sentido propio”. El de la vida misma. La vida solamente puede ser vivida de una manera. Como vida.

   Por otro lado, podemos percibir ya, que la vida como tal, se experimenta en un contexto de hechos relativos a una determinada etapa o tiempo de la historia.

   De aquí la importancia de distinguir entre lo que significa “sentido mismo de vida” de los “hechos pertenecientes a la vida, en una época y su circunstancia específica”.

Sentido mismo de vida.

   Al hablar de “sentido mismo de vida” hago referencia a algo que pertenece únicamente a uno y en un presente de vida que es continuo e irrepetible. De ahí la expresión cierta de que “la vida se vive solamente una vez”. Condición que la hace totalmente diferente (aunque se den en tiempo y espacio comunes) de los hechos pertenecientes a la vida social con su historicidad.

   En la vida no hay ayer o futuro, solamente existe el presente. Un presente que se hace manifiesto a partir de la gestación; el momento del nacimiento; en nuestro vivir diario y; culmina en el momento de la muerte en cada uno.

   Este continuo de vida (desde nuestro nacimiento y hasta la muerte) está conformado por las experiencias de vida tenidas. Es decir, por todos los acontecimientos que van rodeando nuestra vida y que los podamos reconocer como propios. Pertenecientes a la existencia de uno. A la propia individualidad.

    Por ello digo que la vida es en un hecho personal. Nos da un valor singular: el de ser la persona que se es.

 Sentido de historicidad

   Al hacer alusión a los hechos pertenecientes a la vida social con su historicidad, me refiero de modo específico, directo, a una circunstancia concreta en el tiempo, que es histórico-cronológico.

   Por ejemplo: el tiempo en que ha tocado nacer a cada uno de nosotros. Es un hecho histórico. Este se ha dado desde el momento de vida, en que el hombre apareció sobre la Tierra y es hombre. Y este continuará, como hecho contundente, hasta que éste, el hombre, deje de serlo, independientemente del grado desarrollo que se alcance de manera individual o como cultura de un grupo o de una época.

  Estos hechos y acontecimientos que se dan dentro de la historia pueden ser repetidos dentro de una circunstancia de historicidad. Pero aunque se repitan, como tales, son hechos específicos.

   Por ejemplo: las guerras son hechos específicos dentro de épocas específicas y circunstancias específicas cronológicas. Otro caso: una mujer puede tener varios hijos, sin embargo, cada uno de ellos nació en una circunstancia específica dentro de un hecho que es específico también.

   La vida, que en cada uno se da como un continuo de presente, se diferencia del tiempo cronológico en el que las personas realizamos los hechos de vida históricos.

    Un ejemplo: el haber sido iniciados en algún rito; el haber iniciado a caminar; el tener un triciclo; el haber jugado en el parque; el haber ido a la escuela; el cumplir años de haber nacido y haber festejado por ello; el haber establecido una relación con una persona en particular; el haber pasado o no por la universidad; el trabajar; El habernos vinculado a alguien; el generar descendencia; el seguir o no trabajando; el pasear; etc; etc.

Interacción entre las dos líneas paralelas.

   La línea realidad sentido mismo de vida, es el sitio desde donde le damos, o no, significado emocional – afectivo a los sucesos que están en la historia, en la cronología.

   Los hechos pertenecientes a la línea de la vida social con su historicidad, pueden existir o no como tales. Somos cada uno de nosotros (historia particular de cada uno) quienes les damos un significado significante personal, propio. Por ello, la vida existe como cada uno la “mira” e “interpreta” por sí mismo, dándole un significado propio a cada uno de los hechos que están en la historia.

   Nuestra creencia, por demás equívoca, es que el sentido de vida lo conforma el cúmulo de hechos materiales y no la vivencia que de ellos se tiene al experimentarlos como tales. Como meros hechos.

   Los hechos cobran significado y dimensión afectiva, de sentido de vida, a partir de darles un espacio emocional. El que únicamente puede provenir desde la dirección de sentido mismo de vida.

   Estos dos elementos que corren paralelos (hechos pertenecientes a la vida social con su historicidad y los de sentido mismo de vida) se van tocando, referenciando de alguna manera, ya que el uno no puede estar ausente del otro. Somos hecho histórico y sentido de vida. (materia y conciencia). Es a partir de estos dos pilares que la vida cobra significado y expresión.

   Es la capacidad de consciencia en uno, la que nos hace saber y advertir, que la vida misma, la propia vida, se hace dentro en un momento y circunstancia específica de la historia. “Sabemos en qué época social, en qué siglo vivimos.”

   La historicidad sin la capacidad propia de las personas para darle significado al acontecimiento, se reduciría a una mera sucesión de hechos sin sentido. Sería la historia, el puro sucederse de acontecimientos sin otro significado que el propio del hecho. Se reduciría a la suma de hechos, de igual manera como puede sucederse el caer constante de agua en una cascada. Un mero hecho en el tiempo de la historia de la naturaleza.

   Sin embargo, es el hombre con su emoción quien actúa en la naturaleza. Ello es lo que hace que el hecho tenga un significado propio. Hechos como lo pudo haber sido el guardar las pieles de los animales que cubrían su cuerpo en el tiempo de las cavernas. O como lo puede ser el guardar ahora, en el closet, la ropa que cubre nuestro cuerpo. Todo lo que el hombre hace, en sentido amplio, es lo que le da significado al hecho en la naturaleza, aunque advertimos (lo comenzamos a hacer de nueva cuenta) que la naturaleza tiene su propio significado.

   Todo lo que el hombre es capaz de realizar, hasta lo destructivo, cobra sentido en la medida en que es capaz de comprender lo que ello significa por ser el hecho, resultado de saber-se que se está vivo. Que se tiene vida propia.

   Esta es la capacidad que nos permite darle a los hechos una dimensión afectivo – emocional, dentro de la propia historicidad, sin importar, necesariamente, la época en que se den. La dimensión dependerá, en cada época, de la calidad de vida del ser humano. La temporalidad es lo que hace, precisamente, relativo al hecho histórico. Por ello es que podemos hablar abiertamente todos de historicidad.

   En cambio, la vida, además de ser propia, porque nada más le pertenece a uno, es individual, única. Hecho que la convierte en totalidad, porque sólo se vive una sola vez. El hecho de sólo poder vivir sólo una vez la vida, hace que sea absoluta.

   Los hechos, al ser relativos, pueden o no darse o darse en distintos momentos dentro de la historicidad. La vida, en esencia es un presente continuo, es absoluta. La vida no espera. Se vive o no se vive.